
Unos cuantos refugiados españoles, sobrevivientes de la retirada se instalaron allí, Limoges también acogió parte del exilio español. La relación entre los españoles de Limoges y los de Oradour era muy estrecha, algunos eran familia, otros venían en busca de verduras y huevos que un pueblo agrícola podía proporcionar. Así fue hasta el día de la masacre.
El 10 de junio de 1944 el pueblo es invadido por la tercera compañita del 4º SS-Panzer-Regimiento Der Fuhrer de la 2ªSS-Panzer División Das Reich, la vergüenza y el deshonor deben caer sobre ellos.
La división debía ir hacia Normandia, para enfrentarse al desembarco de los aliados, estaban furiosos, sus vacaciones habían acabado y debían incorporarse al combate, durante su marcha tuvieron que defenderse de los ataques de los resistentes, los guerrilleros querían hacer todo lo posible por impedir que los alemanes llegasen a las playas del desembarco.
Cuando entraron en el pueblo decidieron hacer un escarmiento, la división procedía del frente del este, allí en la Unión Soviética habían podido poner en practica todos los métodos de exterminio que estos asesinos solían utilizar, asesinato masivo de los habitantes, destrucción de pueblos, y torturas que les proporcionaban diversión, sin olvidar que las mujeres estaban allí para complacer a la raza de señores, los que se creían super-hombres.
Todo esto lo pusieron en práctica en Oradour, Haciendo creer a sus habitantes que se trataba de un control les hicieron formar en la plaza del pueblo, los SS visitan las casas y arrastran a los habitantes fuera, también van a buscar a los campesinos de las granjas vecinas, no deben quedar testigos de lo que allí va a suceder.
Se forman dos grupos, hombres y mujeres, se les divide en grupitos y se conduce a los varones al lugar del suplicio. Allí se les ametralla, pero esta muerte es demasiado dulce, así que se tira a las piernas, después se les cubre de paja y se les quema vivos, quizás inspirados de los autodafes de la inquisición, el olor de carne quemada siempre ha sido agradable a todos los dioses.
El único problema que encuentran es que no tienen a su disposición los camiones convertidos en cámaras de gas y hornos crematorios, en el frente del este los utilizaban con gran provecho y todo iba mas rápido. La solución que encontraron fue encerrar al grupo de mujeres y niños en la Iglesia, allí, cerca del altar, colocan un recipiente lleno de gas asfixiante, pero por error explota y todo es invadido por un humo negro, sofocante, así que no tienen mas remedio que ametrallar a las mujeres y niños e incendiar el mobiliario de la Iglesia para quemarlos, el calor del incendio fue tan grande que las campanas se fundieron, los cuerpos estaban cubiertos por mas de un metro de cenizas.
No todos murieron al mismo tiempo, las mujeres fueron utilizadas por aquellos desalmados para su recreo, durante una noche de orgía y borrachera las violaron, las torturaron y después quemaron sus cuerpos destrozados.
De todo esto quedo un testigo, Margarita Rouffanche pudo escapar por una ventana de la Iglesia, en aquella carnicería perdió toda su familia, su marido, su hijo sus dos hijas y su nieto de siete meses, gracias a ella podemos saber los detalles de lo sucedido.
Los españoles del pueblo sufrieron la misma triste suerte que sus vecinos franceses, ni uno sobrevivió, el fascismo que les persiguió en España, del que pudieron librarse perdiendo su país y sus familias, les alcanzó aquí. Una placa con sus nombres da cuenta de su martirio.
Yo con mi familia he visitado las ruinas del pueblo, entre sus casas calcinadas y los restos de algunos coches, pare que queda aun algo del sufrimiento de de las victimas y del dolor de sus familiares. Por en medio de las calles del pueblo pueden verse las vías del tranvía que unía Oradour con Limoges. Mi suegra visitaba el pueblo a menudo para comprar alimentos para sus hijos, mejor dicho para su hija, el chico, mi futuro marido, fue entregado por las autoridades francesas a los bárbaros alemanes que hicieron de él un esclavo, pasó cuatro años en un campo de trabajo, pues bien su madre salió del pueblo en el ultimo tranvía antes de la llegada de los soldados asesinos, se salvó por poco, sus amigos que le procuraban alimentos perecieron todos.
La indignación del país al saber la tragedia de Oradour fue enorme, se pidió justicia y algunos de los responsables de la masacre fueron juzgados. Una vez más, como aquí, como allí, la razón de estado fue más fuerte que la justicia, se condenó a algunos a penas leves, aun así hubo una amnistía que les libero pronto. La razón fue que entre los culpables de semejante crimen había un grupo de alsacianos. Este territorio, Alsacia, unas veces es alemán y otras francés, según el ultimo que gane la guerra, Alemania la invadió al principio del conflicto y enrolo a los jóvenes en su ejercito, bien adiestrados, tomaron pare en la carnicería de Oradour. Los alsacianos protestaron de las condenas y para evitar que quisieran volver a ser alemanes se les dio razón, sin importar para nada la indignación de las familias de las victimas y de toda una región, el limusin.
Cuando yo fui al pueblo una pancarta a la entrada recibía a los visitantes, en ella estaba marcado”Vergüenza” y a continuación los nombres de todos los que votaron la amnistía, entre ellos Miterrand, el que fue años más tarde presidente de la Republica y esperanza de la izquierda. Hoy día la pancarta ha desaparecido pero la vergüenza continúa.
Hay anunciada una exposición en la que se unen los destinos de Oradour y Guernika, los dos pueblos martirizados por el fascismo, el de aquí y el de allí. Los que asesinaban mujeres y niños, los que quemaban hombres, que violaban y destrozaban mujeres son los mismos que cubrieron de vergüenza toda Europa desde España hasta Rusia, los mismos miserables desalmados de la curva de las mujeres en andalucía, los mismos que violaron y mataron a Maravillas, los que llenaron de cadáveres los campos y cunetas de este país, los mismos que ahora aun no nos dejan recuperar nuestros muertos. El horror que produjo el genocidio republicano, la losa de la transición, las gesticulaciones de la Iglesia, ha conseguido que los nuestros sigan sin sepultura, la vergüenza continua, si, pero por fin conseguiremos justicia, ahora ya no tenemos miedo.
¡Viva la República!
Milagros Riera
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