lunes, 16 de febrero de 2009

ELUANA YA DESCANSA, APESAR DE LA SECTA



Derecho a la muerte digna. Eluana y su dignidad

El pasado día nueve moría Eluana Anglaro, la mujer italiana que, tras casi veinte años en estado de coma irreversible, ha encendido en Italia la furibunda polémica sobre la eutanasia y el derecho a la muerte digna. Como es natural en alguien que ama de verdad a alguien, el padre de Eluana llevaba años luchando para desconectar el sistema de alimentación artificial que la mantenía con vida, porque consideraba que el estado deplorable en que se encontraba su hija no era vida, sino una injusta condena.


Este caso ha centrado durante meses la atención mediática italiana, y ha agudizado la disputa política entre los partidarios de la muerte digna, y los que no lo son; a saber, entre los sectores democráticos y progresistas de un lado, y la Iglesia católica y el gobierno del "capo" Berlusconi, de otro; hasta el punto de que, desde los ámbitos del Vaticano y del gobierno ultra-conservador, en acoplado sincretismo, han obstaculizado a la familia de Eluana su deseo de liberarla de su atadura a un cuerpo sufriente y sin vida. Tanto es así que, mediante la Fiscalía, el gobierno recurrió la sentencia del Tribunal Supremo italiano que, en primera instancia, concedió al padre la autorización para suspender la alimentación asistida.

Berlusconi ha expresado un "profundo dolor" ante la muerte de Eluana; y condena a aquellos que, según él, han impedido que su gobierno "salve una vida".... ¿Qué vida iban a salvar el señor Berlusconi y los señores del Vaticano? En propias palabras de sus seres queridos, Eluana murió el día del accidente que le produjo el coma irreversible. La "vida" de Eluana ya no era vida, era la prolongación inhumana de un estado de miseria y de dolor, una monstruosa condena a un estado de mínimos vitales que es, seguro, mucho peor que la muerte. Berlusconi no quería salvar una vida, sino prolongar una tortura e imponer una confesionalidad.

¿Por qué esa insistencia de la jerarquía católica en defender el sufrimiento y el dolor?, ¿por qué ese empeño de entrometerse en la libertad de los ciudadanos, y en asuntos que son exclusivos de la moral íntima y privada de cada uno?, ¿por qué no centran su mirada en miles de muertes de niños por inanición forzosa que ellos, con su incalculable patrimonio y su ingente poder, podrían evitar?. En cualquier caso, resulta sorprendente el ver que los que tan poco aprecian la vida humana en otras circunstancias, se obcecan en prolongar la existencia de un cuerpo que lleva casi veinte años agonizando. "Cosas veredes...", dijo Cervantes.

En España, los sectores de la derecha ultra-católica han hecho infame campaña (en base a sabemos qué intereses) contra el Doctor Montes por sedar a los pacientes para, justamente, atenuar el sufrimiento inútil en situaciones clínicas terminales. Y han demonizado los avances genéticos que buscan la curación de enfermedades hereditarias; y condenan a millones de seres humanos a la pandemia del sida por penalizar el uso del preservativo…. Y, aun así, se atreven a calificar la interrupción de la alimentación artificial de Eluana como "homicidio". Terrible palabra que algunos utilizan con increíble soltura para calificar las actuaciones ajenas, y la omiten siempre en lo referente a las actuaciones propias. El supuesto amor que dicen que les mueve no es amor, es crueldad; amar tiene que ver siempre con liberar, nunca con encadenar, y menos a la agonía.

Existe un dolor natural que tiene sentido, que nos engrandece y nos empuja a crecer, que nos depura y nos hace más humanos. El dolor en la vida es inevitable, el sufrimiento no lo es; el dolor natural dignifica, el sufrimiento denigra; el dolor que nos lleva a superar la adversidad forma parte natural de la existencia, el sufrimiento impuesto, estéril y sin salida es una tortura anti-natura, una vejación y una negación de la vida. Pero, en cualquier caso, se trata de un espacio privado y personal en el que ninguna imposición política ni religiosa tendría que tener cabida más allá de los límites que marcan los propios deseos y valores.

Yo me alegro, al contrario que Berlusconi, de la muerte clínica de Eluana. Me alegro porque ella ya no era ella, era un cuerpo informe lleno de llagas que, tras diecisiete años de agonía impuesta, merecía descansar. Me alegro porque, como decía Marlene Dietrich en su biografía, "a lo que hay que temer no es a la muerte, sino a la indignidad en el vivir". Me alegro por su familia, por las libertades, por los derechos más básicos, por la clara evidencia del desfase entre la verdadera moral humana y la oscura moral religiosa; me alegro por todos los que defendemos el derecho a la muerte digna. Y me alegro, sobre todo, por ella, por Eluana, porque se ha liberado y ya descansa, porque ha dejado de ser pasto de la hipocresía y de mercenarios intereses políticos, y porque ha recuperado, al fin, su dignidad.

Coral Bravo es Doctora en Filología y miembro de Europa Laica

1 comentario:

claudio vidal dijo...

la iglesia no tiene derecho a opinar. Los curas se supone que no tienen hijos( pecado de mentira )y no saben lo que es tener a una hija postrada 17 años en una cama totalmente inmovil, detereriorandose dia a dia, mes a mes, año tras año, decadas incluso. Desde su punto de vista moral ¿? la bella Eluana de 17 años atras debía seguir "viviendo", postrada y llena de escaras, sin pelo, totalmente atrofiada y en los huesos ¡ que inhumano ! pero la religion cristiana dice que porque respiraba y latia su corazon debia seguir asi, años y años mas ¡ que crueldad mas grande ! como se nota que no viven la realidad y desde la comodidad de sus monasterios que financian los millonarios, emiten jucios para "llamar a la conciencia" y a la "moralidad". Fué un acto de piedad privarla de alimentacion y permitir que su alma abandonase ese cuerpo irrecuperable.