
Vaca multicolor
¿Pero quiénes se creen que son?
Cada vez estoy más harto. Pasé mi infancia y adolescencia, durante la Dictadura, en un Instituto Público donde, como en todos los demás y entre otras cosas, no sólo se impartía religión obligatoria, sino que obligatoriamente nos llevaban a la iglesia cercana a imponernos la ceniza y, en horas lectivas, se daban “ejercicios espirituales”. Muerto el dictador y aprobada la Constitución, sinceramente pensé que todo eso pasaría a la historia, a la parte más negra de la historia.
Y ya estoy harto. Harto de que piensen que ellos tienen la verdad única y absoluta. Harto de que se vivan como los guardianes de la moral de todos, creyentes o no. Harto de que se crean con derecho a decirnos qué debemos y qué no debemos hacer, sentir, pensar y creer. Harto de que quieran imponernos su moral del pecado, del todo es sucio, de la culpa, del arrepentimiento forzado, de la manipulación en el dolor. Harto de que se vean a sí mismos hablando desde las alturas a un rebaño que debe escuchar. Harto de ver la hipocresía de predicar una cosa y de hacer exactamente la contraria. Muy harto. ¿Pero quiénes se creen que son?
Y ahora, para rematar, el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto para la Congregación Pontificia para la Educación Católica del Vaticano, o sea, el Ministro de Educación del Estado del Vaticano, se permite el lujo de decir que la objeción de conciencia a las materias relacionadas con Ciudadanía es “oportuna” y “necesaria”. Imaginen qué cara se nos pondría si el Ministro de Educación de cualquier país (de Francia, o de Canadá, o de Sudán, o de Cuba, o de China) dijera algo parecido. Pues éste lo ha dicho.
Durante mucho tiempo me he resistido a pensar que las religiones hacen moralmente peores a las personas porque sé que hay creyentes que viven su fe con admirable pulcritud; que muchos creyentes lo son de buena fe y son excelentes personas. Lo sé y no los tengo lejos. Pero cada vez estoy más harto de esta Iglesia metomentodo y prepotente, impía y soberbia. Y cada vez estoy más convencido de que si las religiones no hacen peores moralmente a los humanos, desde luego no les hace mejores.
Jesús Pichel
elplural.com
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