martes, 11 de noviembre de 2008

HAY MUCHOS HARTOS, MAS DE LO QUE SE DICE


Vaca multicolor

¿Pero quiénes se creen que son?

Cada vez estoy más harto. Pasé mi infancia y adolescencia, durante la Dictadura, en un Instituto Público donde, como en todos los demás y entre otras cosas, no sólo se impartía religión obligatoria, sino que obligatoriamente nos llevaban a la iglesia cercana a imponernos la ceniza y, en horas lectivas, se daban “ejercicios espirituales”. Muerto el dictador y aprobada la Constitución, sinceramente pensé que todo eso pasaría a la historia, a la parte más negra de la historia.

Pero desde entonces no he hecho otra cosa que oír los lamentos de esa misma Iglesia que quiso amaestrarnos en su fe, y ver sus injerencias políticas en los asuntos del Estado, mostrándose siempre ofendida y atacada (y temiendo que aquellos fieles obligatorios abandonasen sus filas): cualquier ley mínimamente avanzada que se ha ido aprobando inevitablemente se ha puesto bajo sospecha y se ha interpretado como un ataque a su Iglesia, a su fe, a su moral (y a su poder); ante la expresión desde el Estado de cualquier idea no coincidente con las suyas, han puesto “el grito en el cielo”, pero dando las voces e intentando ejercer su poder aquí, en la tierra.

Y ya estoy harto. Harto de que piensen que ellos tienen la verdad única y absoluta. Harto de que se vivan como los guardianes de la moral de todos, creyentes o no. Harto de que se crean con derecho a decirnos qué debemos y qué no debemos hacer, sentir, pensar y creer. Harto de que quieran imponernos su moral del pecado, del todo es sucio, de la culpa, del arrepentimiento forzado, de la manipulación en el dolor. Harto de que se vean a sí mismos hablando desde las alturas a un rebaño que debe escuchar. Harto de ver la hipocresía de predicar una cosa y de hacer exactamente la contraria. Muy harto. ¿Pero quiénes se creen que son?

Y ahora, para rematar, el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto para la Congregación Pontificia para la Educación Católica del Vaticano, o sea, el Ministro de Educación del Estado del Vaticano, se permite el lujo de decir que la objeción de conciencia a las materias relacionadas con Ciudadanía es “oportuna” y “necesaria”. Imaginen qué cara se nos pondría si el Ministro de Educación de cualquier país (de Francia, o de Canadá, o de Sudán, o de Cuba, o de China) dijera algo parecido. Pues éste lo ha dicho.

Durante mucho tiempo me he resistido a pensar que las religiones hacen moralmente peores a las personas porque sé que hay creyentes que viven su fe con admirable pulcritud; que muchos creyentes lo son de buena fe y son excelentes personas. Lo sé y no los tengo lejos. Pero cada vez estoy más harto de esta Iglesia metomentodo y prepotente, impía y soberbia. Y cada vez estoy más convencido de que si las religiones no hacen peores moralmente a los humanos, desde luego no les hace mejores.

Jesús Pichel
elplural.com

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