martes, 30 de septiembre de 2008

TODOS AL INFIERNO


ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • 38x38 Coral Bravo
  • CORAL BRAVO

    30/09/2008




Los "valores morales" de doña Esperanza

En su discurso victorioso del último Congreso del PP madrileño, Esperanza Aguirre hizo una mención concreta a la defensa a ultranza de los valores morales y, a lo que denominó, el final del “relativismo moral”. ¡Vamos!, que, según ella, los que no la votamos somos unos inmorales; y ni qué decir del gobierno y de los ciudadanos demócratas y progresistas, ésos iremos todos directamente al infierno y nos quemarán entre llamas; y como el “limbo” ya no existe -por obra y gracia de una reciente decisión clerical-, pues no tendremos una opción intermedia que nos salvaguarde de tanto fuego y olor a chamuscado... ¡Una verdadera lata pasarse toda la eternidad oliendo a barbacoa quemada!

En fin, que doña Esperanza es toda una experta en moralidad; en éso que ella define como “valores morales”, y yo llamo “doble moral”, que no es lo mismo. No nos es desconocida la adhesión (muy respetable, por cierto) de la presidenta de Madrid a la amistad con los jerarcas de la Iglesia Católica; es más que evidente que son “como uña y carne”. Pero volvemos a lo de siempre: en su ámbito privado ella es libre de gestionar su espiritualidad como le de la real gana, pero es otra historia que lleve su militancia religiosa personal al terreno de lo público (¿o quizás haya sido al revés?). Eso sí es una inmoralidad y un abuso intolerable en un Estado de derecho que se autoproclama como aconfesional.

La “inmoralidad” del gobierno y de los ámbitos políticos y sociales progresistas para la presidenta es más que evidente por diversas razones: el gobierno parece defender a los más desprotegidos con una política social que no ignore los problemas de los sectores sociales más necesitados; “... ¡intolerable!..¿a dónde vamos a llegar?”

El gobierno ha legalizado los matrimonios civiles homosexuales, “..... ¿pero cómo se ha atrevido a conceder los mismos derechos a esa parte "enferma" de la población que no debería tener derecho alguno?, bastante tienen con que no se les queme en la hoguera, se les encarcele o se les apedree por la calle, como en tiempos del generalísimo...”

El gobierno ha creado un ministerio que defiende los derechos de las mujeres y pone interés en abordar el tema de los malos tratos, “... total, ¿para qué?. Las mujeres deberían quedarse en casita, como dios manda, y tener mucha sumisión y resignación cristiana ante los golpes de sus viriles maridos, y... casi estar agradecidas, porque si no fuera porque nos cedieron generosamente una costilla, las féminas ni existiríamos.”

El gobierno contempla el respeto y el diálogo pacífico entre las distintas culturas y civilizaciones, “...¡qué desfachatez!, sólo existe una cultura válida, la cristiana, el resto son bazofia (y el librepensamiento, éso es lo peor, ése es el gran enemigo), y si hay que guerrear y matarse entre los pueblos, pues a ello, como se ha hecho durante siglos para preservar la cristiandad. ¡Cuánto despilfarro supuso el Encuentro en Madrid para el Diálogo entre Civilizaciones! Costear los viajes papales cuesta muchísimo más, pero es lo que hay que hacer para impedir la ola de secularización de la sociedad, porque la ciudadanía, cuanto más culta y librepensante, más problemas nos da.”

...Y así, "ad infinitum"....

El caso es que, sarcasmos aparte, y resumiendo, los valores morales de doña Esperanza se adhieren a un moralismo dogmático, rígido y prefabricado, que ha sido construido para preservar los intereses del poder y de un sector minoritario de la sociedad; para nada provienen de una solidaridad natural que abraza la sabia opción de contemplar a todos los seres humanos y, en general, a todas las vidas como parte integrante e integradora de la existencia, por encima de ideas, estatus, jerarquías y clases. Existe una moralidad natural y universal, patrimonio del corazón humano decente, de cualquier cultura, credo o condición, que no tiene nada que ver con esos valores morales que doña Esperanza con tanto énfasis preconiza.

Y utilizar la moralidad como excusa para ponderar un posicionamiento ultra-conservador que defiende el valor del dinero y de los propios intereses por encima del valor de las personas y del bien común, me parece una verdadera indecencia, además de la muestra de una enorme ignorancia. ¿Cuánta moralidad y cuanta humanidad se puede atribuir a un partido político o a una presidenta en cuestión que, día a día, nos vienen demostrando que no respetan los derechos humanos más básicos y que se alían con los sectores más reaccionarios?

Ya a finales del XIX, Galdós (quien detuvo con rigor su mirada en la sangrante moral de su época) denunciaba en “Doña Perfecta” esa hipócrita y doble moralina católica a través de una protagonista cuyo patrimonio “moral” eran la misa diaria, las donaciones a la iglesia y, a la vez, la capacidad de llegar a hacer hasta lo más infame por defender sus intereses personales y de clase. Por eso conviene, cuando se habla de moral, especificar bien lo que se quiere decir, porque lo que algunos llaman valores morales, otros lo llamamos indecencia, impudicia, vileza y falta absoluta de ética.

Coral Bravo es Doctora en Filología y Miembro de Europa Laica


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