
Sin palabras. Sin palabras y sin vergüenza, la que le falta al alcalde de Morón de la Frontera. Que una Virgen sea alcaldesa por la gracia de Dios y de un cargo electo es una noticia, que si no fuera por lo que representa en un país que todavía no ha acabado la Transición, se prestaría a la carcajada.
Ante la visión del esperpento que la derecha rancia y ultracatólica nos regala a modo de espectáculo surrealista, interpretado por un mal cómico, no nos queda nada más que seguir luchando por la III República. Por un estado verdaderamente democrático y laico, libre de los lastres del pasado nacional católico de esta monarquía.
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