¿DÓNDE ESTÁ LA ESPIRITUALIDAD DE LA IGLESIA?
Por Náyade Urrero.
Una vez más vuelven a impresionarme y a indignarme sobremanera las indecentes declaraciones de un miembro de la jerarquía católica. Hace escasos días, en el diario Información, el obispo de Orihuela-Alicante volvió a evidenciar en voz propia la sinrazón, la indecencia y el absurdo de la voz de la organización a la que representa (a la que ya muchos denominan el “lobby católico”).
El mencionado representante de la curia osó declarar tales “lindeces” como que la homosexualidad es una enfermedad, que la violencia de género es consecuencia del escaso espíritu de sacrificio de las mujeres en la sociedad actual, que los derechos humanos fundamentales son muy pocos, que sólo el matrimonio “fruto del sacramento” es el defendible. Y osó manifestar falsedades tan funestas como que la Iglesia ya se autofinancia (cuando todos sabemos que financiar a la Iglesia nos cuesta a los españoles, católicos y no católicos, un “ojo de la cara”), y que la Iglesia es apolítica y no se vincula a ninguna ideología concreta (cuando es más que evidente que están refrendando desde todos los flancos al PP como aliado político).
El obispo de Orihuela parece creer que los españoles somos analfabetos funcionales, además de idiotas. Ignorar a la ciencia, al entendimiento científico, democrático y solidario del mundo es, en el siglo XXI, una actitud realmente aberrante. Como cualquier secta, la Iglesia considera su hipócrita, absurda y angosta moralidad como la única posible, y constriñe los intereses de todos a los suyos propios, dejando latente su pobreza intelectual, su ideario falaz y retrógrado así como su incapacidad de mostrar los valores de solidaridad y tolerancia que justamente pregonan que les mueve.
Llegados a este punto me pregunto en qué intersticios de su doctrina se encuentra la espiritualidad de la que tanto hablan. Si sólo aceptan un modelo estático de considerar el mundo y la vida, si niegan las libertades personales, si marginan y menosprecian a las minorías, si se alían con las tendencias políticas más totalitarias y radicales, si consiguen beneficios económicos astronómicos de los gobiernos, si se manifiestan defendiendo un único modelo de familia, si ponen freno a los avances científicos que benefician a la sanidad pública, si son contrarios a la pluralidad y al respeto a la diversidad...¿dónde están esos valores “cristianos” que supuestamente justifican su implacable pervivencia?
Supuestamente existe un cristianismo de base formado por millones de adeptos católicos en el mundo que, sin duda, están motivados por esos supuestos valores morales mediante los cuales aspiran a situarse espiritualmente en el mundo y a colaborar en el bien de la humanidad. Pero los católicos no son el catolicismo. Estos ciudadanos, absolutamente respetables y la mayoría movidos por motivaciones deseables, desconocen, en gran parte, el verdadero funcionamiento y las verdaderas motivaciones de la organización por la que se sienten abducidos. Veinte siglos de adoctrinamiento dejan huella cultural e ideológica en la sociedad y en el subconsciente colectivo.
Basta con indagar un poco para comprobar que los valores morales básicos que falsamente propugnan, y digo falsamente porque a nivel efectivo nunca cumplen, constituyen un código ético del que injustamente se han apropiado porque no les pertenece; cualquier ser humano decente, de cualquier credo o cultura, ni mata, ni roba, y ama a su prójimo (o al menos lo respeta, lo cual dista mucho de lo que hacen los señores obispos y sus acólitos).
“No matarás” dice el primer mandamiento católico; simplemente con dedicar una somera investigación a la historia del cristianismo se hace más que evidente que este mandamiento, si ha sido incumplido sistemáticamente por alguien es, con diferencia, por la organización Católica: Guerras “santas”, Inquisición, colonizaciones, masacres de culturas precolombinas, alianzas con dictadores y genocidas...
Si acudimos a los textos primigenios que contienen los dogmas católicos, es decir, los textos bíblicos en los que basan su doctrina (..y que curiosamente una gran mayoría de católicos ni ha leído) nos encontramos con innumerables alusiones a la defensa de la más vil inmoralidad, de la intolerancia, la barbarie y el totalitarismo y del más abyecto desprecio a la vida , alusiones de las que pongo sólo algún ejemplo:
1. Respeto a los derechos humanos básicos. (Levítico, 25:44) “Comprareis esclavos de las naciones vecinas; en estas podéis adquirir esclavos y esclavas”.
2. Tolerancia religiosa. (Lev.24:11-16) “Ningún hereje es cristiano. Pero si no es cristiano, todo hereje es demonio… reses para el matadero”.
3. Derecho a la vida y a la libre sexualidad. (Lev 20:10-14) “En cuanto al hombre que comete adulterio con una mujer casada: el hombre que comete adulterio con la mujer de su prójimo, será castigado con la muerte, él y la mujer.”
4. Respeto a la diferencia. (Levítico 21: 18-20) “Ciertamente, no se acercará (al altar) ningún defectuoso, sea ciego o cojo, mutilado o deforme, con roturas en pies o manos, jorobado o enano, bisojo o sarnoso, tiñoso o herniado”.
5. El pensamiento Libre, la Duda , la racionalidad y la Democracia. (Isaías 1, 19-20; 1,28) “Si sois sumisos y obedientes comeréis los frutos del país. Pero si os rebeláis, seréis devorados por la espada… y aquellos que se alejen de Yahvé perecerán”.
6. Y no quiero dejar de citar ciertas pías doctrinas papales, como la de Bonifacio VII quien declaraba que: “darse placer con mujeres o niños no es más pecado que frotarse las manos”.
...Me pregunto ¿dónde están la espiritualidad y los valores morales de la iglesia Católica con los que justifican su permanencia en nuestras vidas? ¿Acaso son sólo la cortina de humo con la que esconden sus verdaderos intereses y, a la vez, manipulan la conciencia de sus adeptos?. No es de extrañar en absoluto tanto despropósito y tanta inquinidad como estamos advirtiendo últimamente en el discurso de sus representantes jerárquicos.
Y reitero hasta la saciedad que el bagaje ético que nos venden como propio y exclusivo no es patrimonio de ninguna organización ni de ningún ideario religioso, forma parte del corazón humano, de cualquier raza, cultura o condición.
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